Existe en el mundo una serie de deportistas cuyas fabulosas condiciones trascienden su faceta como profesional e impregnan a la sociedad con algo, no se sabe muy bien qué, pero algo necesario. Kasparov es uno de ellos. Se ha dicho de él que era carismático, que era un líder, orgulloso, prepotente, vanidoso, impenitente, apasionado, osado. Probablemente sea todo lo anterior y mucho más, la lista de adjetivos puede ser infinita. Despierta admiración como lo hizo Mallory en sus expediciones al Everest allá por los años 20, el magnetismo de su personalidad en incuestionable.
Kasparov lo ha ganado todo, venció a la generación precedente de ajedrecistas, a la suya y a la posterior, lo hizo con cierta facilidad. Sus duelos épicos, fraticidas con Karpov engancharon al ajedrez en los años 80 a un número de seguidores espectacular. Esos “match” despertaron un interés del gran público desconocido desde Bobby Fisher, en España más posiblemente al celebrarse uno de los encuentros en Sevilla.
En esta ocasión nos ofrece un libro con reflexiones sobre ajedrez, estrategia, cálculo, talento, preparación. Analiza las claves del éxito, más buscadas últimamente que la fuente de la eterna juventud, la intuición y
la vida. Garry ha anunciado que va a intentar hacer carrera en política, explica dicho proyecto en un volumen rico en ejemplos: su trayectoria, la extrapolación del pensamiento estratégico en el tablero de los 64 escaques a la Rusia de Puttin no parece sencilla, la situación ni se parece a la del jugador retirado que se convierte en entrenador de éxito.
En cuanto a los contenidos, el libro se lee fácil, cita a políticos, empresarios, artistas y ajedrecistas, y consigue un tono moderado, dentro de la peligrosa sensación de superioridad intelectual que desprenden sus argumentaciones. Kasparov siempre ha sido el número uno en lo que ha hecho, evidentemente ajedrez, probablemente su personalidad condicionada por ello no admite la duda en cuanto a la rigurosidad de sus reflexiones y planteamientos, no considera posible un error por su parte.
Es interesante el ejercicio de autocrítica que realiza sobre su frustrado intento por descomponer la FIDE, y la necesidad de aprender el funcionamiento del mundo político. Con eso y con todo, no parece sencillo avanzar en este terreno.
La vida imita al ajedrez, interesante título, en definitiva una adaptación de la famosa cita de Oscar Wilde: “la vida imita al arte, mucho más que el arte imita a la vida”. El libro es atractivo, divierten las anécdotas, las curiosidades e interioridades del ajedrez. Es sencillo comprobar que su enemistad con Karpov no ha terminado, mientras cualquier otro ajedrecista es tratado como “el genio español Vallejo”, el “gran Anand”, etc, a Karpov lo tutea, sin ningún tipo de tratamiento ni distinción, con mucho respeto, eso sí. |