Director: Roland Joffé
Guión: Robert Bolt
Banda Sonora: Ennio Morricone (Interpretación London Philarmonic Orchestra)
Reparto: Robert DE NIRO, Jeremy IRONS, Aidan QUINN, Liam NEESON
Existen tres motivos insoslayables para sentarse a contemplar esta película: Una fotografía espectacular, con las cataratas de Iguazú en el río Paraná como impactante escenario de la trama; una banda sonora impresionante, con una interpretación del nivel de
la London Philarmocic Orchestra, sobran comentarios; y la profesionalidad y talento de Robert De Niro y Jeremy Irons en los papeles protagonistas.
Rodrigo Mendoza, traficante de esclavos, asesina en duelo a su hermano por una disputa motivada por el amor a la misma mujer. Mendoza, arrepentido, arrastra la pesada carga de la culpa, metáfora emocionantemente recogida, recluido en un convento en Cartagena de Indias. El Padre Gabriel, jesuita y director de la Misión, le muestra el camino de la redención, mediante el trabajo desinteresado de su orden. Mendoza se ordena jesuita y se incorpora al día a día con los indios guaraníes.
La situación europea, equilibrio de poderes entre España, Portugal y el Vaticano, va a determinar la composición y desarrollo de estos territorios. Está en la naturaleza humana la conquista y destrucción, también la culpa sobre las consecuencias por las decisiones tomadas. Éste es el tema central de la cinta.
La trama se basa en una realidad histórica, recogida con bastante fidelidad: a mediados del siglo XVIII en América del Sur, en la frontera entre Paraguay y Brasil, se encontraban los indios guaraníes. La llegada a esos territorios del Imperio Español y el Portugués, sus disputas por estas tierras, produjo dos consecuencias: por un lado, la Orden de los Jesuitas trataron de evangelizar y formar a dichos habitantes en las misiones, por otro lado, el tráfico de esclavos, y la conquista y deshumanización de los territorios.
La película tiene todos esos elementos: El Imperio español, el portugués, el Vaticano en el centro de la toma de decisiones del mundo occidental y, como espectador, afectado, el pueblo indígena. La trama es subyugante, emociona, traslada la incomprensión de los guaraníes hacia el concepto de frontera y posesión del territorio, y las luchas de poder entre portugueses y españoles para controlar las nuevas colonizaciones.
La culpa, vuelve a aparecer, escalofriantemente las escenas finales:
“–Tenemos que trabajar en el mundo, el mundo es así.
- ¡No, nosotros hacemos el mundo así!"
Una película que se ha convertido en un clásico por varios factores, en primer lugar por su maravilloso trabajo técnico a todos los niveles, en segundo lugar, por abordar un tema, la naturaleza humana, absolutamente intemporal, que invita a reflexionar en profundidad. |