Un joven marino decide retirarse de la vida del mar sin un motivo claro. Movido por un impulso juvenil, inmaduro, alocado, desembarca, y abandona su trabajo como primer oficial de un barco. Provisionalmente, mientras decide cual será su camino, se instala en un Hogar de Oficiales, residencia donde encuentra al sagaz capitán Giles, y un misterioso mayordomo. Las circunstancias, el azar, la vida le reencuentra con su profesión, y de golpe, sin esperarlo, es nombrado capitán y mando de un barco, su sueño desde que emprendió la aventura del mar.
El libro tiene dos atractivos fundamentales: cómo narra Conrad la pasión por el mundo marítimo, que le llevó a dedicar una buena parte de su vida a esa profesión; por otro lado el paso de la juventud a la madurez, convertido en tema principal de este libro.
Es una novela de aventuras ambientada en los ambientes marinos de la época victoriana. La importancia de la navegación, el prestigio de los marineros, la actividad económica que se desarrollaba a su alrededor queda claramente de manifiesto en
la novela. El
mar, el misterioso mundo marino. Existen profesiones, actividades cuyas particularidades nos resultan atractivas. La mezcla de la aventura, el descubrimiento y el riesgo. La recompensa de la felicidad al tener una meta y llegar a ella nos permite crear héroes y mitos en nuestro ideario. Esto nos mantiene atentos a Juanito Oiarzábal y a sus aventuras por el Himalaya, y nos sujeta a las páginas de las novelas de aventuras marítimas, de piratas y tesoros, y las de hombres que luchan contra el mar y contra sí mismos.
Conrad centra el relato en un tema de gran importancia para cualquier ser humano: el salto de la infancia a la madurez que, a menudo, se produce bruscamente. Un momento, una ocasión, una oportunidad coloca a un joven en un puesto de responsabilidad y tiene que mantener el barco, su barco, a flote y llevarlo a buen puerto.
Es una extraordinaria metáfora de la vida, navegamos sin preocupaciones, aprendiendo un oficio, y de repente, el barco es nuestra vida, y tenemos que llegar a tierra firme. Sin saber cómo ni por qué, alcanzamos nuestros objetivos y seguimos adelante. Las dificultades son innumerables y las ganas de tirar la toalla no faltan. Las ocasiones y los motivos tampoco. La madurez nos impide abandonar la nave y luchamos contra viento y marea para seguir adelante, no es fácil adivinar de donde nos llegan fuerzas para ello.
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